Qué hay detrás de una calificación energética A
La letra de la etiqueta se decide en la obra, no en el folleto. Los cuatro certificados de Castrelos y lo que hubo que construir para llegar a ellos.

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La calificación energética es obligatoria en la venta de cualquier vivienda, y casi siempre se despacha con una letra en un folleto. Pero la letra sale de un cálculo sobre el edificio construido: cuánta energía necesita al año y cuánto CO₂ emite. Y eso se decide con las decisiones de obra.
Los números de Castrelos
Las cuatro viviendas de Castrelos obtuvieron clase A, con un consumo de energía primaria no renovable de 13,94 kWh por metro cuadrado y año y unas emisiones de 2,36 kilos de CO₂ por metro cuadrado y año. Son los valores de los certificados oficiales, uno por vivienda.
Lo que hubo que construir
La envolvente va aislada por el exterior con un sistema SATE de ochenta milímetros de poliestireno extruido: el edificio queda envuelto por fuera y desaparecen los puentes térmicos en los cantos de forjado.
La calefacción y el agua caliente las produce una aerotermia con refrigerante natural R290, clasificación A+++ en calefacción, que alimenta suelo radiante en toda la vivienda.
El aire se renueva con ventilación de doble flujo y recuperador de calor: aprovecha el noventa por ciento del calor del aire que sale, lleva sensor de CO₂ y filtros F7 en la entrada, que es lo que frena el polen y la partícula fina. El equipo tiene certificación Passivhaus.
Por qué importa al comprar
Una clase A no es sólo una factura más baja. Es una casa que no pierde el calor por la fachada, que no tiene condensaciones y en la que el aire de dentro es mejor que el de fuera. Pedir el certificado energético y preguntar qué lleva la envolvente es la forma más rápida de saber cómo está construida una vivienda.